EL FUNAMBULISTA
JEAN GENET
TRADUCCIÓN: REGINA LÓPEZ MUÑOZ
ERRATA NATURAE
56 PÁGINAS
SINOPSIS
A mediados de los años cincuenta, Jean Genet, de cuarenta y cinco años, conoce al jovencísimo acróbata de suelo y malabarista Abdallah Bentaga. Muy pronto lo convierte en su amante y su prometido, incitándolo a transformarse en un funambulista, es decir, el acróbata de más prestigio, el artista de circo de mayor gracia y elegancia, pero también el más cercano a la muerte. Vive con él una bellísima historia de amor y un periodo enormemente creativo. Y para él escribe este texto, un largo poema de amor en prosa y, además, una suerte de teoría estética: variaciones sobre una dramaturgia del circo, el teatro y la danza; reflexiones sobre el artista en el mundo, la soledad y la ambivalencia del actor; el ir y venir entre el olvido y la gloria, la luz y la sombra, la apariencia y la realidad. Como el cable de acero del funambulista, Genet tensa las palabras, las hace brillar, las destila para su amante, y escribe uno de sus textos más perfectos.
Tras una grave caída en un espectáculo, Abdallah abandonó la acrobacia y, al poco, Genet, en cierto modo, lo abandonó a él. Sintiéndose fracasado, el joven funambulista se suicidó en 1964. Genet, que se consideraría responsable el resto de su vida, fue precisamente quien encontró el cadáver junto a la policía, alertada por los vecinos...y sólo después del entierro, cuando volvió a su hotel, pudo llorar. Hacía treinta años que no lloraba.
"El funambulista" es uno de los tres libros recibidos el día de Reyes, se nota que Sus Majestades conocen mi pasión por los libros intimistas y epistolares. Y como manda la tradición, igual que los niños juegan con los juguetes, enseguida me puse con las lecturas. Especialmente, "El funambulista" se lee muy rápido al ser una carta de amor.
Este pequeño librito editado por Errata Naturae consta de un prólogo de Miguel Morey, la carta y un posfacio de la editora, Irene Antón, donde conocemos una breve biografía de Jean Genet que permite profundizar en las palabras de la misiva. Genet, a los cuarenta y cinco años, conoce al joven acróbata y malabarista, de dieciocho años, Abdallah Bentaga. Se enamora de él y lo incita a llegar mucho más lejos en su profesión, pagándole la formación de funambulista. Una profesión de riesgo, jugándose la vida en cada entrenamiento y en cada espectáculo, para que el público disfrute de la relación amor odio entre el volatinero y el alambre tensado. Las caricias y el afecto, de esta extraña pareja, son la base para unos movimientos firmes. Un mínimo paso en falso puede provocar una vibración brusca o la rotura de ese amor que aparenta fuerte como el acero.
Muchas veces la vida nos pone a prueba y nos tambaleamos en la cuerda floja. No queda otra que mantener el equilibrio y evitar descarrilar. Genet con esta bonita y lírica carta de amor analiza el mundo equilibrista con la realidad, convirtiendo sus palabras en una metáfora de la vida y la muerte.
La soledad es la gran amiga de los artistas, los músicos componen en silencio, los escritores buscan la soledad de sus escritos y en este caso el acróbata siente el aislamiento bajo sus pies. Genet le recomienda estar muerto antes de subir al alambre, para bailar arriba y fascinar a los espectadores, esas fieras hambrientas de emociones. La danza del volatinero se basa en la belleza de la soledad, del equilibrio y de la vida frágil al borde del abismo. Volar y abandonar la tierra para que el arte esté presente y no decaiga en el olvido.
Los deseos y sentimientos arden interiormente y Jean Genet necesita expulsarlos en forma de declaración de amor. El alambre no entiende de impasibilidad al igual que la vida y las relaciones de los humanos. Es por ello que, casi 60 años después de escribirla, las palabras tensadas mantienen su firmeza.
El funambulista es una elegante y emotiva carta donde el amor y la vida rozan la muerte.
"El funambulista" es uno de los tres libros recibidos el día de Reyes, se nota que Sus Majestades conocen mi pasión por los libros intimistas y epistolares. Y como manda la tradición, igual que los niños juegan con los juguetes, enseguida me puse con las lecturas. Especialmente, "El funambulista" se lee muy rápido al ser una carta de amor.
Este pequeño librito editado por Errata Naturae consta de un prólogo de Miguel Morey, la carta y un posfacio de la editora, Irene Antón, donde conocemos una breve biografía de Jean Genet que permite profundizar en las palabras de la misiva. Genet, a los cuarenta y cinco años, conoce al joven acróbata y malabarista, de dieciocho años, Abdallah Bentaga. Se enamora de él y lo incita a llegar mucho más lejos en su profesión, pagándole la formación de funambulista. Una profesión de riesgo, jugándose la vida en cada entrenamiento y en cada espectáculo, para que el público disfrute de la relación amor odio entre el volatinero y el alambre tensado. Las caricias y el afecto, de esta extraña pareja, son la base para unos movimientos firmes. Un mínimo paso en falso puede provocar una vibración brusca o la rotura de ese amor que aparenta fuerte como el acero.
Muchas veces la vida nos pone a prueba y nos tambaleamos en la cuerda floja. No queda otra que mantener el equilibrio y evitar descarrilar. Genet con esta bonita y lírica carta de amor analiza el mundo equilibrista con la realidad, convirtiendo sus palabras en una metáfora de la vida y la muerte.
La soledad es la gran amiga de los artistas, los músicos componen en silencio, los escritores buscan la soledad de sus escritos y en este caso el acróbata siente el aislamiento bajo sus pies. Genet le recomienda estar muerto antes de subir al alambre, para bailar arriba y fascinar a los espectadores, esas fieras hambrientas de emociones. La danza del volatinero se basa en la belleza de la soledad, del equilibrio y de la vida frágil al borde del abismo. Volar y abandonar la tierra para que el arte esté presente y no decaiga en el olvido.
Los deseos y sentimientos arden interiormente y Jean Genet necesita expulsarlos en forma de declaración de amor. El alambre no entiende de impasibilidad al igual que la vida y las relaciones de los humanos. Es por ello que, casi 60 años después de escribirla, las palabras tensadas mantienen su firmeza.
El funambulista es una elegante y emotiva carta donde el amor y la vida rozan la muerte.





