viernes, 5 de febrero de 2021

Papá, piernas largas. Jean Webster

 PAPÁ, PIERNAS LARGAS

JEAN WEBSTER 

EDICIONES EL TOROMÍTICO 

200 PÁGINAS




SINOPSIS 

Jerusha «Judy» Abbott es una huérfana de 17 años cuyo futuro parece ya marcado. Después de años de soledad y duro trabajo en el orfanato y con pocas posibilidades de prosperar, su vida da un vuelco inesperado pues el destino tiene reservadas todavía grandes sorpresas para ella. Todo cambia cuando es llamada al despacho de la directora e informada de que un miembro del consejo de administración del hogar para huérfanos, que prefiere permanecer en el anonimato, ha decidido convertirse en su benefactor y enviarla a la universidad para que se convierta en escritora. Para obtener esta ayuda, el único requisito que el misterioso filántropo exige a Judy, y que ella cumplirá encantada, es el de escribirle una carta cada mes informándole de los progresos en sus estudios y los detalles de su vida cotidiana en la universidad.


Esperaba con ansias la segunda edición del reto Todos los clásicos grandes y pequeños de Las Inquilinas de Netherfield. Tanto que antes de conocer las premisas del primer nivel, Ana Belén del blog Cada vez que te leo, me propuso leer juntas "Papá, piernas largas".  No las tenía todas con ella ante mi poco entusiasmo, no por compartir lectura que siempre es divertido, sino por el hecho de no conocer la novela ni las adaptaciones cinematográficas. Sabiendo que no era de mi estilo una novela juvenil, que me sacaba de mis lecturas particulares, me convenció con el género epistolar. No me importa salir de la zona de confort, se agradece descubrir nuevos libros, fue más bien el encontrarme delante de una historia que no conocía ni de oídas y que la sinopsis no me decía nada del otro mundo. Agradezco su insistencia, me encantó conocer a Judy y me reí un montón.

Jerusha Abbott es una huérfana de 17 años que vive en el Orfanato John Grier. Es la mayor y sabe perfectamente la importancia que tienen los miércoles negros. El primer miércoles de cada mes el orfanato se presenta impoluto delante de los síndicos, que tras su visita algún huérfano conseguirá un hogar o unos estudios. Cuando marchan la tristeza se apodera de los críos que no tuvieron suerte y deben permanecer en esa jaula que los priva de libertad. Abbott sigue allí encargándose de niños, porque a su edad debería haber abandonado el orfanato.

Un miércoles negro cambiará la vida a Jerusha. Acude a la llamada de la directora mientras observa la sombra de un síndico dirigiéndose a su coche. No ve su cara, solamente unas piernas muy largas que le llaman la atención. La señora Lippett le indica que ese señor es uno de los más adinerados, que envió a varios chicos a la universidad y que aporta mucho capital para el mantenimiento del orfanato. Y que tras leer una redacción suya, sobre los Miércoles Negros, le gustó su sentido del humor y quiere enviarla a la universidad para que llegue a ser escritora. Con una paga mensual para los gastos lo único que pide a cambio es una carta dónde le cuente los progresos en los estudios y los detalles de la vida cotidiana. Las cartas irán a nombre de John Smith, nombre falso porque quiere permanecer en el anonimato, y las entregará al secretario. No obtendrá respuesta a sus misivas, lo hace para que practique con el género epistolar y se convierta en una buena escritora.

En la primera carta no sabe como dirigirse al sindico, es complicado escribir a quién no conoces  y lo hace con su peculiar humor. Menciona que solo sabe tres cosas de él: que es rico, alto y que odia a las chicas. Y decide llamarlo Papá, piernas largas que es como se nombra a las arañas de patas largas (Daddy Long-Leg). Carta a carta le cuenta la relación con las amigas, las asignaturas, que hace el fin de semana, la ropa que compra con el dinero recibido, la decoración de la habitación...

Jerusha vive cada momento como único, saborea esa libertad que nunca tuvo y empieza a tomar decisiones. La primera es  cambiarse el nombre, quiere que la llamen Judy. Necesita romper con el pasado del Hogar y odia el nombre que le puso la directora. No tiene pelos en la lengua y más de una vez habla mal del orfanato, sabiendo que su benefactor es un síndico. Se cabrea con él al no recibir ninguna carta con respuestas, por contradecirla o por guiarla por caminos diferentes a los de su agrado. Pero otras veces no duda en agradecer una y otra vez todo lo que hace por ella, por esta oportunidad de vivir, estudiar y progresar en la vida.

Tantos años entre las cuatro paredes del Hogar John Grier pasan factura. Desconoce el mundo del que hablan sus compañeras y para no ser una inculta, además de estudiar, pasa las horas leyendo grandes novelas clásicas. Lo que también es un eslabón para su carrera como escritora. Emocionada le cuenta a Papaíto la impresión asombrosa que transmiten: Mujercitas, Jane Eyre, Hamlet, Retrato de una dama, etc.

Es una lástima no conocer la versión de Papá, piernas largas, lo que piensa cuando le habla de política, de sus estudios, de las amistades, de los chicos que conoce, de los motes que le pone. Cuatro años de estudios universitarios dan para muchas cartas. En ellas vemos progresar a la niña que nunca había salido del orfanato, de la iniciativa para no depender siempre del síndico, de equivocarse y saber rectificar, de reclamar el voto de la mujer. Y es que leer estas cartas es una maravilla, porque no dejamos de sonreír con su desparpajo, con sus infantiles dibujos para que Papaíto se haga una idea más clara de sus vivencias. Es verdad que a mitad del libro se intuye quién es el síndico, ello no quita seguir disfrutando de la novela y de su gran protagonista.

Como menciono al principio no conocía de nada ni la novela ni la autora. Lo único que vi con alguna similitud es el personaje de Pipi Calzaslargas. Ambas huérfanas y con un apodo similar, pero googleando veo que Jean Webster la publicó en 1912 y Astrid Lindgren en 1945.

Dos cosas no me gustaron de esta edición. Primero que necesita un repaso para corregir algunas erratas y faltas de ortografía. Y segundo que por ningún lado aparece el nombre del traductor. Me parece una falta de respeto enorme, el traductor es casi tan importante como el autor y su nombre debería aparecer en la portada. Y un punto a favor son las ilustraciones de Sara Lago, de la portada y en el interior, que acompañan a las originales de Jean Webster.

Y para acabar solo recomendar esta novela juvenil, de una autora poco conocida, que es un soplo de vitalidad en estos momentos tan intensos que vivimos. Una obra epistolar con la voz alegre de Judy, una joven risueña y humilde que enamora con sus locuras.















5 comentarios:

  1. Este libro lo leíamos en el colegio. Nunca me sacaron a leer y recuerdo que no me interesaba nada, creo que teníamos 10 años o así. Solo recuerdo eso, que eran cartas de la huérfana y poco más. Es curioso, porque le tengo cierta tirria sin motivo y a veces pienso que debería leerlo para tener una visión objetiva. Lo de las erratas me parece fatal y cada vez es más frecuente. Y lo del traductor es muy raro
    Besos

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  2. La peli la vi hace años y recuerdo que me gustó, pero vagamente. No me importaría nada animarme con este libro, pero una pena lo de las erratas. Y espero que en próximas ediciones pongan el nombre del traductor!
    Besotes!!!

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  3. Hola, conozco la historia por la película, que vi varias veces hace años y lo tengo apuntado para el reto aunque no se si en esta edición. Muy raro lo del traductor, que tienes razón es muy importante. Besos.

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  4. Ay, le tengo muchas ganitas, desde siempre. Se me van los ojitos con estos libros. Me alegra seguir leyéndote, guapa. Besos

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  5. Tengo una edición muy antigua que me regaló mi madre. Me encantó, lo leí varias veces siendo una pipiola, y sé que lo volveré a hacer. Un besote!

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La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros (Ana María Matute).